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SOSTENIBILIDAD | 21.03.2025

Una compra hace la diferencia en el planeta

Rafael Hernández

Rafael Hernández

 

Cada día tomamos decisiones de compra que impactan más allá de nuestro carrito. Desde comprar un café hasta solicitar un determinado servicio, nuestras elecciones pueden ser un voto a favor de prácticas sostenibles y comprometidas con el planeta.

Si echamos la vista atrás y analizamos nuestras últimas compras, es probable que hayamos elegido una marca por su precio, su diseño o incluso por su historia. Sin embargo, más allá de la etiqueta, cada decisión de compra esconde un impacto ambiental y social. De hecho, la conciencia medioambiental ha crecido significativamente en los últimos años a nivel global. Según un informe de IBM y la National Retail Federation, casi el 70 % de los consumidores están dispuestos a pagar más por productos sostenibles, mientras que el informe The Changing Climate of Sustainability de NielsenIQ, indica que el 73 % de los consumidores cambiaría sus hábitos de consumo para reducir su impacto ambiental. Pero ¿realmente sabemos lo que implica cada producto o servicio que adquirimos?

Una compra hace la diferencia en el planeta

La situación medioambiental ha dejado de ser un simple debate para convertirse en una prioridad. Así lo demuestra la Encuesta Anual sobre el Clima del Banco Europeo de Inversiones (BEI), en la que el 94 % de los encuestados afirma que Europa debe adaptarse al cambio climático y el 66 % lo considera una prioridad absoluta. Según el World Economic Forum los cambios en el comportamiento y estilo de vida de los consumidores podrían reducir hasta un 70 % las emisiones globales de gases de efecto invernadero para 2050. La adopción de hábitos de compra sostenibles es clave no solo para la conservación del medio ambiente y los recursos naturales, sino también para la protección de la biodiversidad, la reducción de residuos y la mitigación del cambio climático; también impacta en aspectos económicos, sociales, de salud y éticos. Aquí es donde entra en juego el concepto de «compra verde», que no es otra cosa que integrar la conciencia medioambiental en la toma de decisiones de compra.

El color de la sostenibilidad

Cuando se habla de «compra verde» se hace referencia a la adquisición de productos y servicios que tienen un menor impacto ambiental en comparación con las alternativas convencionales. Se trata de una decisión consciente que busca minimizar el impacto ambiental y fomentar prácticas responsables en toda la cadena de valor. Este enfoque promueve la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa, impulsando a las empresas a reducir su huella ecológica mediante el uso de materiales reciclados, procesos eficientes en el consumo de energía y modelos de producción responsables.

Sin embargo, en un mercado donde las etiquetas ecológicas proliferan, no todo lo que brilla es verde. La sostenibilidad se ha convertido en una poderosa herramienta de marketing, pero cuando no va acompañada de acciones reales, puede volverse en contra de las propias marcas. El verde vuelve a aparecer, pero en forma de blanqueo ecológico, conocido como greenwashing. Según el informe de KPMG, The challenge of greenwashing: an international regulatory overview, las demandas relacionadas con esta práctica han aumentado un 21% a nivel global en el último año, una cifra que refleja el creciente rechazo hacia este tipo de prácticas. Este es un fenómeno que el estudio Sustainable Sector Index de Kantar también confirma, revelando que el 72 % de los consumidores desconfía de las marcas que solo se involucran en temas medioambientales por razones comerciales.

Los cambios en el comportamiento y estilo de vida de los consumidores podrían reducir hasta un 70 % las emisiones globales de gases de efecto invernadero para 2050 (World Economic Forum)

Por tanto, cuando hablamos de «compra verde» vamos más allá de una simple etiqueta y nos centramos en la producción y en las implicaciones ambientales de cada producto o servicio. Se trata de evaluar el ciclo de vida completo de lo que consumimos, desde la obtención de materias primas hasta su reciclaje o eliminación, teniendo en cuenta el desarrollo sostenible de la empresa que lo produce. Al apostar por la compra verde, las empresas reducen su dependencia de los combustibles fósiles, pero también contribuyen activamente a la transición hacia una economía circular, donde los recursos se utilizan de manera eficiente y los residuos se minimizan al máximo. Esto se traduce en un ahorro energético significativo, una mayor conciencia ante las crisis ambientales y una mejora en la percepción de marca, lo que fortalece la confianza de los consumidores.

Conciencia empresarial

Muchas empresas han comprendido que sus decisiones de compra tienen un peso considerable en el medioambiente y en la transición hacia un modelo empresarial sostenible, y que estas acciones, se convierten además en una ventaja competitiva. MAPFRE es un ejemplo de ello, ya que hemos asumido el reto de reducir al máximo las emisiones de carbono y el consumo de energía en todos los países donde está presente. Con la meta de ser neutros en carbono para 2030, en MAPFRE hemos desarrollado el Plan Corporativo de Huella Ambiental 2021-2030, con el objetivo de reducir el 30 % de la huella de carbono (TonCO2e), respecto a la línea base 2022. Esta hoja de ruta contempla la reducción de los viajes de negocios (avión) y la implantación de una flota compuesta solamente por vehículos ECO para reducir el impacto ambiental de la movilidad. Otra de las premisas está centrada en la mejora de la eficiencia energética priorizando el autoconsumo eléctrico con energía solar fotovoltaica, entre otras medidas. También hemos adoptado políticas de economía circular con criterios de reciclaje y reducción de residuos, y la selección de proveedores comprometidos con el planeta.

MAPFRE ha asumido el reto de reducir al máximo sus emisiones de carbono y el consumo de energía en todos los países donde está presente.

La sostenibilidad es considerada un pilar fundamental de la gestión de la organización, ya que es asumida como una oportunidad estratégica con la cual se crea valor económico y social a la vez que se responde a las necesidades de los clientes y la sociedad en general. La clave está en que más compañías asuman su papel como agentes de cambio, promoviendo un modelo económico en el que el crecimiento no esté reñido con el respeto por el planeta. Las organizaciones que logren incorporar estos principios de manera genuina estarán contribuyendo a la protección del medio ambiente y fortalecerán su capacidad de adaptación frente a futuras regulaciones ambientales y la creciente demanda de inversores y socios estratégicos comprometidos con la sostenibilidad. La compra verde, por tanto, no es solo una cuestión de responsabilidad social, sino un pilar fundamental para la competitividad y el éxito empresarial a largo plazo.

 

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